Cuán hermosas son tus moradas, oh Señor de los ejércitos! Mi alma anhela, y aun desfallece, la casa del Señor (Salmo 84:1-2).
Este anhelo no es por un edificio ni un lugar físico, sino por Dios mismo, quien llena su casa con su presencia. El corazón del creyente sabe que la verdadera vida y el verdadero gozo solo se encuentran en Dios. Por lo tanto, la adoración es, sobre todo, un anhelo de cercanía al Señor.
¡Qué hermoso es ver la imagen de las aves débiles encontrando refugio en Dios! Cuánto más para los hijos de Dios que se acercan a Él!
En su presencia, encontramos estabilidad y un lugar donde depositar nuestros corazones agobiados y nuestras tribulaciones. La adoración es un momento de estabilidad interior a la sombra de su amor.
«Bienaventurados los que tienen en ti su fuerza, y su corazón en los caminos de tu casa» (v. 5). La vida puede estar llena de dificultades, pero quienes hacen de Dios su fuente de fortaleza van viento en popa. Cuando los caminos del Señor están en nuestros corazones, nos mantenemos firmes ante los desafíos. La adoración frecuente en la casa de Dios renueva nuestra determinación y nos llena de esperanza."Porque un día en tus atrios es mejor que mil"(v. 10).
Qué privilegio es estar incluso en el umbral de la casa del Señor, pues esto es mayor que todos los placeres del mundo. Morar en la presencia de Dios es mejor que en cualquier otro lugar, pues allí se encuentra verdadera satisfacción y paz. Bienaventurado todo aquel que confía en Él, pues Él es el refugio seguro de todo creyente (v. 12).
Oración
Oh Señor de los ejércitos, ¡cuán hermosas son tus moradas! Mi corazón anhela vivir en tu presencia cada día.
Gracias por darme seguridad en tus altares, así como el gorrión encuentra su hogar y la golondrina su nido.
Haz que mi fuerza esté solo en ti, y planta los senderos de tu casa en mi corazón para que vaya de fortaleza en fortaleza.
Oh Señor, prefiero estar en el umbral de tu casa más que todos los bienes del mundo. Bienaventurado el que confía en ti.
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